La dirección con la que tu empresa sale a internet puede cambiar o quedar siempre igual. Esta guía explica la diferencia, para qué sirve una IP fija y qué conviene revisar antes de contratarla.
Cada conexión a internet sale al mundo con una dirección, la IP. En muchas conexiones comunes esa dirección es dinámica: cambia cada tanto, sin aviso. Una IP fija es siempre la misma, y eso permite llegar a la empresa desde afuera sin tener que averiguar cada vez dónde está.
Las direcciones del dibujo son de ejemplo. Para navegar, mandar mails o usar la nube da igual tener una IP dinámica o fija. La diferencia aparece cuando alguien o algo tiene que entrar a la empresa desde afuera.
Casi siempre la IP fija se necesita por lo mismo: llegar a algo que está dentro de la empresa, de forma estable.
Muchas conexiones comunes ni siquiera tienen una dirección propia: comparten la misma dirección pública entre muchos usuarios, algo que técnicamente se llama CGNAT. Conviene saberlo antes de contratar.

Lo que protege la red es cómo está configurada, no si la dirección cambia. Con una IP fija, de hecho, se pueden poner reglas más claras.
Si respondés que sí a alguna de estas preguntas, la IP fija no es un extra: es parte de lo que necesitás.
En nuestros enlaces dedicados la IP pública fija está incluida y es exclusiva de tu empresa. La factibilidad se verifica dirección por dirección, sin cargo. Para saber más, mirá qué es el internet dedicado, nuestro servicio de internet para empresas, la guía de SLA y la guía de internet dedicado para parques industriales.
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